jueves, 28 de enero de 2010

Enero, mes de reencuentros


Todo Enero es mes de reencuentros para mí… veo a los amigos que no alcancé antes de Navidad y nos ponemos al tanto de nuestras vidas.

Mi amigo Francisco y yo fuimos a comer con ese propósito al restaurante Como. En un principio pensé que su cocina sería italiana, por aquello del famoso lago Como, pero no, su concepto es Vasco-Argentino, y como iba yo acompañada de un español de hueso colorado, pues tenía muy buen punto de referencia para apreciarlo.

Antes de cualquier cosa nos trajeron un tazoncito de aceitunas verdes y negras y un cesto de pan. Luego, un pocito de crema de pescado que cayó deliciosa. Paco ordenó que nos abrieran una botella de Trumpeter 2007, Merlot argentino de la bodega Rutini que quedó perfecto para ligar nuestros platillos y el resto de la tarde.

Un pulpo a las brasas acompañado de gajos de papas fritas nos encantó como entrada. En otra ocasión sólo podría comer eso. A mí se me antojaba la ensalada de berros o de palmitos que estaban en la pizarra de sugerencias que los meseros traen de mesa en mesa para que los comensales escojan. Pero esta vez Paco escogió. Mientras disfrutaba de la entrada, el vino, y de la plática y risas de mi amigo, aprecié lo acogedor del lugar, que tiene una gran chimenea horizontal. Claro que la atención de los meseros es la cereza del pastel.

De su menú bien surtido a mí se me antojó alguno de sus risottos, como el de camarones al azafrán o el de huitlacoche, o el de gorgonzola con escalopa de foie gras… pero el pulpo no me dejó suficiente espacio y opté por ordenar una ensalada de portobello y provolone con zuccini y jitomate rostizado sobre cama de arúgula y vinagreta de mostaza. Paco optó por un lomo de pescado en salsa verde al vino blanco, con almejas y perejil. Oh my! (esa expresión la uso sólo cuando el sabor es estupendo), me encantó mi ensalada porque el portobello es prácticamente carne, pero lo que le robé a Paco de su platillo no tenía progenitora, estaba excelente y él dijo que la salsa era idéntica a la servida en el país Vasco.

Como yo había visto la pizarra de los postres cuando fui al tocador, le dije a mi amigo que todos se veían deliciosos. Entonces, en un ataque de amistad, ordenó una degustación de todos los postres… nos trajeron una crepita de crema pastelera y hongos caramelizados, otra de Grand Marnier y otra de dulce de leche, unos trocitos de Marquis de chocolate (que fue el menos agraciado para mi gusto), flan napolitano, mousse de dulce de leche, al centro crema catalana caramelizada y después, una muestra de sus sorbetes.


Acompañados de nuestros cafés, -y ahora sí que en plural para los dos porque para eso nos alcanzó la tarde, los postres y la plática-, empezaron a cambiar la luz, el montaje de las mesas y se acercó Rafael a nuestra mesa para invitarnos algún viernes a disfrutar por la noche de su dueto del Cono Sur… por supuesto que iremos, porque el lugar vale mucho la pena.


Café- Restaurante Como. Aristóteles 239 entre Horacio y Homero, tels. 2453 8812 y 2489 0013 wwwrestautantcomo.com

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